No somos un club deportivo.
Somos una cancha abierta a la cultura.
A principios de siglo, mi abuelo vivía en esta casa. En ese entonces, mi abuelo llegó a tomar clases con el maestro Antonio Caso.
Pasó el tiempo y fue en 1972 cuando mi papá decidió derrumbar la antigua casona y convertirla en el Squash, deporte que apenas conocía por descripciones en periódicos. En ese año la gente estaba con mucha ilusión por el próximo año, así que decidió ganarle unas semanas y nombrarlo “Squash 73”.
A partir de 2016, a unas semanas de haber funcionado continuamente como centro deportivo, el Squash reabrió sus puertas como centro cultural, transformando los ecos del deporte y las memorias de mi familia en un nuevo espacio para el arte y la comunidad.

